Lo que heredaste sin saberlo: trauma transgeneracional
Hace unos años conocí a una mujer que vino a terapia por algo que, al principio, parecía una simple curiosidad.
Se había divorciado a los 42 años.
Igual que su madre.
Y que su abuela.
Las tres. A la misma edad. Por motivos aparentemente muy distintos.
Ella lo había descubierto casi por casualidad, mirando fotos antiguas y hablando con una tía.
«Seguro que es coincidencia», me dijo.
Pero algo en su mirada decía otra cosa.

¿Qué es el trauma transgeneracional?
A veces arrastramos cosas que no son nuestras.
Miedos que no tienen explicación lógica.
Patrones que se repiten generación tras generación.
Enfermedades que aparecen a la misma edad que le aparecieron a un abuelo que nunca conocimos.
Y no, no es magia. Ni esoterismo. Ni «energías extrañas».
Es algo que la psicología lleva décadas estudiando.
Se llama trauma transgeneracional.
Y básicamente significa esto: los traumas que no se procesan en una generación… tienden a repetirse en las siguientes.
Como si el dolor buscara ser visto.
Como si pidiera ser sanado.
Y si no lo hacemos nosotros… lo heredan nuestros hijos. O nuestros nietos.
«Somos eslabones de una cadena»
Hay una frase de Anne Ancelin Schützenberger que me marcó mucho:
«Como meros eslabones de una cadena de generaciones, puede que no tengamos otra opción que revivir en nuestra propia vida los eventos y traumas experimentados por nuestros ancestros.»
Schützenberger fue una psicóloga francesa que dedicó más de 20 años a investigar estos patrones.
Su libro «¡Ay, mis ancestros!» (o El síndrome de los ancestros) es una referencia en el campo.
Y lo que descubrió es fascinante… y un poco inquietante.
Descubrió que muchas personas repetían, sin saberlo, fechas y edades clave de sus antepasados.
Un hijo que tiene un accidente grave a la misma edad que murió su abuelo.
Una mujer que desarrolla cáncer de mama a los 47 años… igual que su bisabuela.
Un hombre que se arruina económicamente justo cuando su padre también lo perdió todo.
Ella lo llamó el síndrome del aniversario.
Las lealtades invisibles
Pero hay algo más profundo.
No solo repetimos fechas.
Repetimos lealtades.
Schützenberger habla de las «lealtades invisibles»: vínculos inconscientes con personas de nuestra familia (a veces personas que ni siquiera conocimos) que nos llevan a repetir sus destinos.
Como si una parte de nosotros dijera:
«Si tú sufriste, yo también sufriré.»
«Si tú no pudiste ser feliz, yo tampoco me lo permitiré.»
«Si tú fracasaste, yo fracasaré para acompañarte.»
Suena duro, ¿verdad?
Pero es más común de lo que crees.
¿Y cómo se transmite todo esto?
Buena pregunta.
Hay varias vías.
1. Lo que se cuenta (y cómo se cuenta)
Las historias familiares se transmiten. A veces de forma explícita, a veces entre líneas.
«Tu abuelo era un desastre con el dinero.»
«En esta familia las mujeres siempre sufren por amor.»
«Los hombres de esta casa no lloran.»
Esas frases se quedan. Y moldean.
2. Lo que NO se cuenta
A veces lo más poderoso es lo que se calla.
El tío del que nadie habla.
El bebé que se perdió y del que nunca se hizo duelo.
El trauma de guerra del abuelo que «prefirió olvidar».
Lo que no se nombra, no desaparece. Se enquista.
3. La epigenética
Y aquí viene lo más sorprendente.
La ciencia está descubriendo que el trauma puede transmitirse incluso a nivel biológico.
Rachel Yehuda, investigadora de la Escuela de Medicina de Mount Sinai, estudió a hijos y nietos de supervivientes del Holocausto. Y encontró que tenían alteraciones en los genes relacionados con el estrés… aunque ellos no habían vivido el trauma directamente.
El cuerpo guarda lo que la mente no puede procesar.
Y a veces… lo pasa a la siguiente generación.
¿Te suena algo de esto?
Quizás estés leyendo esto y algo te resuene.
Quizás haya un patrón en tu familia que siempre te ha llamado la atención.
O una fecha que se repite.
O un tema (el dinero, el amor, la salud, el abandono) que parece perseguir a varias generaciones.
No significa que estés «condenado» a repetirlo.
Pero sí significa que puede valer la pena mirarlo.
El genosociograma: mirar para sanar
Una de las herramientas más potentes para trabajar con esto es el genosociograma.
Es como un árbol genealógico… pero con esteroides.
No solo incluye nombres y fechas. Incluye:
- Edades de eventos importantes (nacimientos, muertes, enfermedades, divorcios, quiebras…)
- Relaciones entre miembros (alianzas, conflictos, secretos…)
- Patrones que se repiten
- Lo que se dice y lo que se calla
Cuando lo pones todo en un papel, a veces aparecen conexiones que nunca habías visto.
Como la mujer que se divorció a los 42.
Cuando hicimos su genosociograma, descubrimos algo más:
Su bisabuela había perdido a su marido a los 42 años. No por divorcio, sino porque él murió en la guerra.
Y desde entonces, en esa familia, los 42 años eran una edad «marcada».
Como si las mujeres de su linaje hubieran aprendido, inconscientemente, que a esa edad «se pierde al hombre».
¿Y qué hacemos con todo esto?
Aquí viene la buena noticia.
Tomar conciencia ya es sanador.
Cuando algo inconsciente se hace consciente, pierde parte de su poder.
Ya no te «controla» desde las sombras.
Puedes mirarlo. Nombrarlo. Decidir qué hacer con ello.
Schützenberger decía que cuando traemos a la luz estos patrones, podemos «romper la cadena». Dejar de ser un eslabón inconsciente y convertirnos en alguien que elige.
No se trata de culpar a nuestros ancestros.
Se trata de entender.
Y de liberar.
No estás solo en esto
Si algo de lo que has leído te ha tocado…
Quiero que sepas que no estás solo.
Y que no tienes que resolverlo tú solo, mirando un papel con nombres y fechas.
A veces, este trabajo necesita acompañamiento.
Alguien que te ayude a ver lo que tú no puedes ver.
Alguien que sostenga el espacio mientras miras lo difícil.
Alguien que sepa cómo trabajar con estos temas de forma segura.
En el Máster en Acompañamiento Integrativo del Trauma y la Conciencia (MIT) formamos a profesionales en este tipo de abordaje. Integramos la mirada transgeneracional con el trabajo somático, las terapias de tercera generación y el acompañamiento compasivo.
Porque el trauma heredado también se puede sanar.
Y a veces… sanarlo en ti es sanarlo para toda tu línea.
¿Y tú?
¿Has notado algún patrón en tu familia que se repita?
¿Alguna fecha, edad o tema que aparezca una y otra vez?
Me encantaría leerte.
Cuéntamelo en los comentarios o escríbeme directamente.
Un abrazo,
Saúl








